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Dónde comer calçots en Barcelona sin salir de la ciudad

Los sitios donde voy yo a la calçotada según el plan, de la masía en Collserola al menú de 28 euros en el Eixample. Temporada, precios y la técnica para no acabar negra de hollín.

Mi primera calçotada fue un desastre. Cogí el calçot por donde no era, lo pelé mal, me manché las manos de hollín hasta el codo y acabé con la camisa perdida. Toda la mesa mirándome. Un señor me dijo, con toda la razón: “nena, el babero está ahí por algo”.

Aprendí a la fuerza, y ahora es de mis rituales favoritos del invierno. Os cuento a dónde voy yo según el plan — porque no es lo mismo una calçotada de domingo en familia que quedar con amigos entre semana.

Lo básico

Temporada 18 de enero a 5 de abril · Precio 28–45 € por persona · Cantidad unos 20 calçots cada uno

Incluye calçots + romesco + pan con tomate + parrillada + postre · El babero no es opcional

Si solo vas a una, que sea la Masía Can Jané

En la Sierra de Collserola, entre Barcelona y Sant Cugat, con vistas a toda la ciudad.

Porque la calçotada de verdad no es un menú: es un día. Y aquí lo tienes — masía de verdad, brasa de verdad, cocina catalana, y esas vistas. El menú ronda los 45 € e incluye 20 calçots por persona, coca del Maresme con tomate y aceite, y parrillada de carne (pollo, chistorra, butifarra negra, cordero, butifarra de la Garriga).

Es más caro que las opciones urbanas, sí. Pero es lo más cerca que vas a estar de una calçotada de masía sin tener una masía.

Cuando es domingo y voy en familia

Aquí las masías y los espacios con jardín son la respuesta.

Hay un restaurante en un edificio emblemático de la Exposición Universal de 1929, con 700 m² y dos terrazas panorámicas rodeadas de jardines noucentistas, que hace calçotadas sábados y domingos de 13 a 17 h desde 32 €. Comer calçots en ese entorno es otra cosa.

Can Vador (Eixample) es un clásico: cocina catalana a la brasa, calçots con DO Valls — los buenos, los de verdad — y parrillada por unos 35 €. Paredes de ladrillo visto, terraza, ambiente acogedor. Postres clásicos: miel con requesón o crema catalana.

Cuando quedo con amigos y no quiero gastarme mucho

Casa Pepi es mi respuesta. Es un bar de tapas de toda la vida actualizado, con estética entre lo popular y lo kitsch, precios accesibles y buena técnica. Su calçotada: sábados y domingos de 13 a 16 h, 28 € por persona. Es la más barata que recomiendo sin reservas.

Y Mussol, con cinco locales por la ciudad (Diagonal, Aragón, Caspe, Arenas, Glòries), es el más fácil de encajar: 20 calçots por persona con romesco, pan de coca con tomate y alioli, y de segundo pollo a la brasa o butifarra con judías. Postre, café, agua y vino incluidos. Y para los muy fans: tienen opción de barra libre de calçots.

Un punto a favor de Mussol que agradezco: tienen alternativas vegetarianas y para celíacos, algo que en el mundo de la brasa no abunda.

Cuando quiero probarlo de otra forma

Si os da pereza el ritual completo —o no queréis mancharos—, hay quien hace paella de calçots: arroz con calçots de Valls, alcachofas tiernas y chipirones en fumet casero.

No es una calçotada. Pero es una forma elegante de probar el sabor sin acabar con las manos negras, y para quien viene de fuera y no se atreve, funciona.

A cuál no voy, y por qué

A ninguna fuera de temporada. Si veis calçots en carta en junio, algo no cuadra: la temporada es de enero a abril. Fuera de esas fechas, o son congelados o son otra cosa.

A las que no dicen de dónde son los calçots. El bueno es el calçot de Valls, con su denominación. Si el restaurante no lo menciona, suele ser porque no lo es.

Y a las calçotadas sin babero. Suena a broma pero es señal: si no te lo dan, es que no esperan que te ensucies, y eso significa que los calçots no vienen bien calcinados de la brasa.

Lo que aprendí a base de equivocarme

La técnica, que es lo que me faltó a mí. Sujetas el calçot por la parte verde con una mano, deslizas la capa exterior quemada con la otra, y sale el interior tierno. Lo mojas en romesco, lo levantas por encima de la cabeza y te lo comes de arriba abajo.

El babero. En serio. Los calçots tienen que estar calcinados por fuera y tiernos por dentro — así se hacen bien — y eso significa ceniza en las manos. El babero está ahí porque hace falta.

Reservad. Las calçotadas se hacen casi siempre solo en fin de semana y con horario cerrado (13 a 16 o 17 h). No es un plan de improvisar.

Y un apunte que me gusta: esto se comía en las masías, no en la ciudad. Que los restaurantes de Barcelona hayan traído la calçotada urbana es lo que nos permite a los que vivimos aquí mantener la tradición sin tener campo. No es lo mismo, pero es lo que hay — y está muy bien.

Al final, la calçotada no va de comer cebolla. Va de sentarse con gente, mancharse las manos y dejar que el invierno se pase comiendo.

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Cuándo es la temporada de calçots en Barcelona

La temporada de calçots va aproximadamente del 18 de enero al 5 de abril, aunque algunos restaurantes empiezan en noviembre y alargan hasta abril. El mejor momento es entre febrero y marzo, cuando el calçot está en su punto y todos los restaurantes tienen el menú activo.

Cuánto cuesta un menú de calçotada en Barcelona

Un menú de calçotada cuesta entre 28 y 45 euros por persona. Casa Pepi ronda los 28 euros, Can Vador unos 35 euros con calçots DO Valls, y las masías de Collserola como Can Jané llegan a los 45 euros con parrillada completa. Suele incluir calçots, pan con tomate, carne a la brasa, postre y bebida.

Cómo se comen los calçots correctamente

Se sujeta el calçot por la parte verde con una mano, se desliza la capa exterior quemada con la otra y sale el interior tierno. Se moja en salsa romesco, se levanta por encima de la cabeza y se come de arriba abajo. El babero no es opcional: sin él acabas manchada de hollín.

Qué lleva un menú de calçotada

El menú clásico incluye calçots a la brasa (unos 20 por persona) con salsa romesco o salvitxada, pan de coca con tomate y alioli, y de segundo una parrillada de carne con butifarra, cordero o pollo. Se remata con postre tradicional como crema catalana, y el vino se sirve a veces en porrón.

Anita Jiménez
Anita Jiménez · Influencer Barcelona  ·  Reinel González · Editor

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